El Pardo visto a finales del siglo XVI, por Jehan Lhermite (I)

Jehan Lhermite cortesano flamenco durante el reinado de Felipe II escribió una obra llamada El Pasatiempos en la que se narraba toda la vida de la corte de la Monarquía Católica. Esta obra ha sido publicada recientemente por la editorial Doce Calles con el nombre El pasatiempos de Jehan Lhermite : memorias de un gentilhombre flamenco en la corte de Felipe II y Felipe III, edición a cargo de José Luis Checa Cremades y Jesús Sáenz de Miera.

Entre 1590 y 1591 estuvo en El Pardo que describe con minuciosidad, pero como el texto es tan largo vamos a dividir las descripciones que hace de los edificios y de las descripciones de las cacerías. En este primer texto aparecen las descripciones del Palacio con la Galería de Retratos, el origen de la Casa de Oficios y la construcción de la Torre de la Parada:

"... diré que Su Majestad salió de San Lorenzo el Real el día siguiente a Todos los Santos hacia El Pardo, donde se quedó todo el mes de noviembre, como de costumbre; durante este mes disfrutamos de varios entretenimientos y diversiones; era éste un lugar muy agradable y ameno, y la casa que se había construido allí, como ser podrá ver más claramente en la ilustración, era muy cómoda y había sido hecha a imitación de las de nuestro país. Además, desde este lugar las salidas al bosque son muy cómodas para todos y en ellas los criados del Rey se divierte sobremanera. Como he dicho, la casa es bastante bella y aunque es pequeña está bastante bien construida, sus techos están cuiertos de pizarra y en sus cuatro esquinas se han construido pequeñas torres elevadas; es cuadrada y está rodeada de un foso sin agua en cuyo fondo hay un vistoso espacio ajardinado adornado con flores a todo alrededor. Suele decirse que el agua de los alrededores de las casas es poco salubre a causa de los vapores y humedades que atrae y sin embargo entonces no percibí ninguna, salvo las cuatro fuentes que había en las cuatro esquinas de este foso, que sirven para regar este jardín. En una galería alta podían verse varios retratos que representaban a grandes señores y Príncipes, todos ellos pintados por la mano de dos de los más famosos pintores que hubo en su tiempo, Antonius Morus [Antonio Moro] y Titanus [Tiziano], los cuales han dejado allí sus propios retratos colocados al lado de otros muchos de personajes ilustres, como fueron el Emperador Carlos y la emperatriz, su hermano el emperador Fernando y todos sus descendientes, los de otras varias personas dignas de ser colocadas allí; todos ellos, junto con otras varias pinturas, ornaban maravillosamente esta galería; pasando a otra galería no menos bella y espaciosa, había muchas y hermosas pinturas ejecutadas por pintores diversos que trataban temas diferentes, las más de ellas obra de la invención de Hieroma Bosch [El Bosco] y también algunas del mencionado Tiziano y entre otras siete lienzos que representaban las fiestas que la Reina de Hungría, gobernadora que fue de los Países Bajos, dio honor a Su Majestad cuando entró en este país, en la ciudad de Blins, de las que todo el mundo se ha hecho lenguas y además ocho piezas de la jornada que hizo el emperador Carlos V en Alemania contra el Duque de Sajonia; además de esto había allí una capilla donde puede admirarse un bellísimo retablo que era la copia de una famosa pintura donde Nuestro Señor es descendido de la Cruz cuyo original se halla en la ciudad de Gante. Las paredes de las cuatro torres estaban pintadas con perspectivas de edificios y fábricas de estilo muy artificioso y lo mismo sucedía con lo techos o los cielos de algunas habitaciones y con las bóvedas de la galería grande, asimismo muy artificiosamente pintados sobre lienzos muy extendidos. Encima del mismo vidrio de las ventanas que dan al mediodía se habían pintado cuadrantes expuestos al sol y el dedo índice que señala la hora aparecía por fuera tendido y elevado sobre las gradas de elevación de este polo, por lo que podía verse muy fácilmente la hora que era cuando el sol caía encima, lo cual he querido señalar aquí para dejar constancia por parecerme cosa muy curiosa y muy fácil de imitar.

Esta casa empezó a construirse en tiempos del difunto emperador, pues antes sólo había allí una vieja torre de tiempos de los Reyes Católicos, y fue terminada por el actual rey, quien la ha mejorado mucho, pues ha agregado a ella otras casas para la comodidad y mejor alojamiento de criados y servidores. Este Emperador apenas demostró inclinación por la fábrica como después Su Majestad, quien desde que era Príncipe no la supo disimular nunca, de modo que sucedió un día (según cuenta un viejo criado del emperador) que estando el mencionado Emperador alojado en esta vieja casa con el pequeño séquito que había traído, y Su Majestad, que por entonces sólo era príncipe, econtrándose acomodado con poco espacio y habiendo pasado una mala noche, cuando al día siguiente fue a saludar a su padre le preguntó el Emperador cómo había pasado la noche, a lo cual (aprovechando la oportunidad) le respondió bastante mal y con muchas estrecheces, y añadió que Su Majestad haría bien agrandando la casa, o bien agregando otra para la comodidad de todos, a lo que el emperador contestó con esta sentencia muy digna de un tan sabio Príncipe: "Que los Reyes no avían de tener casas, ni voluntad". No cabe duda de que no le dijo estas palabras sin tener otras cosas en su mente, pero le fuemuy difícil expresar aquello a lo que la naturaleza tanto se inclinaba siguiendo el verso que dice: Naturam expellas furca, tamen usque recurret. Pero el príncipe, siguiendo su natural inclinación, pocos días después, obtuvo permiso de su padre para construir allí una torre exenta, la cual todavía hoy puede verse en la mitad de los bosques, con la condición de que sólo se utilizara para poner en ella un hombre de guardia, que nosotros llamamos sargento de los bosques, y destinó a este efecto cuatro mil escudos, lo que en este tiempo debía ser una suma muy elevada, sobre todo si la comparamos con el escaso dinero que Su Majestad manejaba entonces, pues no disponía para su gasto ordinario más que un escudo diario, y como su idea era otra, a saber, construir allí alguna bella torre, alta y poderosa, no pudo buenamente hacer frente a los gastos de una tan grande fábrica y no tuvo por ello más remedio que pedir un préstamo: además de los mencionados mil escudos, otros quinientos (como hizo), dinero que recibió de un criado suyo, gentilhombre de su cámara, al cual sin duda alguna le pagaría muy bien llegada su hora con usura e interés, y este edificio fue el primero que hizo en su vida, pero no el último, como se ha demostrado después, y ello a pesar de las reconvenciones de su padre el Emperador. Esta torre se llama habitualmente Atalaya [Torre de la Parada], que es una palabra bárbara que equivale a decir lugar alto, esto es, Torre, o dicho de otro modo, desde donde se puede otear todo el campo de los alrededores, el lugar donde antiguamente, en tiempos de los bárbaros, solían colocarse los guardas o centinelas para avistar a los enemigos, pero ahora esta atalaya había sido pensada para guardar los bosques y la caza, que abunda allí sobremanera, tanto animales de caza mayor como aves, pues hay allí ciervos, gamos, jabalíes, conejos, zorros, gatos salvajes y otros animales como águilas, garzas, buitres, urracas, y éstos en mayor abundancia que en ningún otro paraje, y además palomas salvajes, que nosotros llamamos torcaces, las cuales son allí innumerables, que se alimentan con bellotas que proliferan bastante por allí, y no producen estos bosques otro fruto, no creciendo en ellos sino una especia de árbol que es parecido al roble aunque con diferente follaje.

Este árbol es pequeño y achaparado y su hoja no se cae nunca de golpe, de suerte que no queda jamás completamente desnudo; así mantiene durante todo el año casila misma apariencia, pues cuando llega al tiempo de la caída de una hoja crece otra y esto produce una infinidad de bellotas cuando el año es bueno y fértil y es entonces cuando las mencionadas palomas acuden allí en mayor número, siendo este su verdadero pasto, pues son estas bellotas mucho mejores, más gruesas y dulces que las de nuestros cedros y de tal calidad que los pobres las comen en lugar de castañas, y los ricos tampoco les hacen ascos. Este árbol se llama en español Ensina, y tiene una hoja pequeña, redondita, dentada y de color muy triste que se parece a la que nosotros llamamos hoja muerta; puede decirse por lo demás que este bosque no sirve para otra cosa que no sea ser pasto de las llamas."


Comentarios

Entradas populares de este blog

"Las Encinas", de Antonio Machado

La Central Hidroeléctrica de La Marmota

José María Giner Pantoja, protagonista del siglo XX